viernes, 14 de diciembre de 2012

CONFERENCIA DE STRESA: "¿Logrará el señor Laval en Varsovia lo que no pudo la palabra y la recomendación del Ministro británico? Es dudoso. Polonia se avendrá formar parte de un convenio consultivo, pero sin el menor compromiso de abrir su frontera a un aliado en caso de necesitar la ayuda de éste. Este aliado sería el ejército soviético. En esto Polonia se muestra terca, como Alemania."



¿QUIÉN TRIUNFARÁ?

En torno a esta pregunta se halla planteada la gran partida diplomática, que los “ases” de esos graves menesteres, los virtuosos de las formidables sutilezas dialécticas, vienen librando desde el día sonado en que Berlín dijo: “¡Basta! No les pido ya la igualdad de derechos, porque la fuerza es mía.”

Esto era romper el compromiso escrito. Pero esto era hacer triunfar lo que hoy se llama Política Realista, contra el Legalismo, indudablemente sagrado, de los tratados. El hecho de que Alemania firmó, no sólo con copiosísima sangre, como todos, sino además con negro dolor de humillación, de derrota, hace que la opinión de pueblos tan humanitarios como el inglés no consideren el rearme alemán como un ultraje al honor de los compromisos internacionales.

Las informaciones que sir Anthony Eden ha transmitido a Londres desde Moscú, Varsovia y Praga, y que hoy confirmará y ampliará verbalmente en la reunión del Gabinete, decidirán la actitud oficial de la Gran Bretaña. La de Francia y de Italia, en vísperas de las conversaciones triangulares de Stresa, es bien conocida (por más que se dice que Mussolini prepara alguna sorpresa, convencido, sin duda, de que el Pueblo fascista espera algo de su “Duce”).

Es una actitud favorable a un Locarno oriental europeo. Si Polonia hubiera secundado el fuego por este lado, es de creer que se formaría algo muy parecido a una alianza, en la que Alemania vería una ofensiva compacta frente a sus anhelos indomables.

¿Logrará el señor Laval en Varsovia lo que no pudo la palabra y la recomendación del Ministro británico? Es dudoso. Polonia se avendrá formar parte de un convenio consultivo, pero sin el menor compromiso de abrir su frontera a un aliado en caso de necesitar la ayuda de éste. Este aliado sería el ejército soviético. En esto Polonia se muestra terca, como Alemania.

Siendo el asunto de la organización de la paz en esa región europea el eje de todas las deliberaciones de esta temporada, y no ofreciendo las naciones una uniformidad de criterio sobre el particular, la tarea de Stresa será más que difícil, y es indudable que cada cual procurará comprometerse lo menos posible, sacando pare ello a lucir la augusta autoridad de la Sociedad de Naciones.

No tendría nada en particular que se nos ofreciera un triunfo del organismo de Ginebra como resultado de las negociaciones directas. Pero este triunfo no significaría un afianzamiento de la seguridad ni de los principios del desarme. Todo lo contrario. Sería un ingenuo oropel, bajo el cual cobijarían los Gobiernos su incapacidad de inteligencia directa.


Texto del 5 de abril de 1936.







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